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Los drones son cada vez más comunes, sobre todo en los Estados Unidos, y aunque no es necesario disponer de licencia de vuelo para operar con uno de ellos, sí que hay que respetar ciertas reglas. Las principales suelen ser la edad mínima del operador, la altura y velocidad máximas, las zonas por las que no se puede volar… Aun así, hecha la ley, hecha la trampa, existen casos documentados de drones que volaban por donde no tocaba… y de las medidas empleadas para ello.

Uno de los sitios más peligrosos para tener un dron descontrolado es un aeropuerto. El pasado mes de mayo, tres drones pusieron en riesgo el aterrizaje de un avión comercial en el aeropuerto de Bilbao. Para la tarea de la intercepción se ha ensayado con otros drones, e incluso águilas entrenadas, como la policía holandesa. Sin embargo, parece que la mejor opción sería hackearlos directamente y asegurar por software que el dron no acceda a ciertos lugares.

El peligro es muy real, y la FAA informa cada mes de alrededor de 100 drones volando por zonas prohibidas o peligrosas. Además, se cree que personas con malas intenciones (terroristas, contrabandistas…) podrían utilizar drones para sus fines, así que si pensábamos que las normas actuales son demasiado restrictivas, podemos prepararnos porque lo serán cada vez más.

Otro peligro potencial de los drones tiene que ver con la seguridad informática y con la protección de la privacidad. Basta equipar a un dron con una cámara de alta resolución, y un dispositivo conectado a la nube para empezar a hacer maldades con todo tipo de redes, sobre todo las domésticas.

drones espia

¿Qué se puede hacer para protegernos de este tipo de ataques, tanto los de software como los que son directamente una invasión de espacio aéreo protegido? La opción más básica es destruir el aparato. La opción civilizada es piratearlo y simplemente darle una instrucción para regresar junto a su operador.

Apollo Shield es una de las muchas empresas dedicadas a desarrollar soluciones defensivas contra drones, pero su método es de software. Lo que hacen es desplegar un dispositivo similar a un router WiFi que detecta drones volando hasta a dos millas de altura (algo más de tres kilómetros). Al detectarlos, lee el número de identificación y por tanto, saben qué modelo es y qué señal es la que significa “vuelve a casa”.

El proceso de investigación es interesante: compran drones comerciales y hacen ingeniería inversa para hackearlos fácilmente.

Como es lógico, las leyes están para cumplirse, y con un dron hay que utilizar además el sentido común: los aeropuertos y sus alrededores son zonas restringidas por razones obvias. Para operar dentro de un aeropuerto habría que coordinar todos los tipos de aeronaves y eso, en principio, no es muy viable y tampoco hay ninguna razón para que los drones de ocio entren ahí.

Las soluciones como la que propone Apollo Shield son sin duda las mejores, las más “limpias” y las más efectivas, siempre que no empecemos el juego de la “contra-inteligencia”, o sea, idear sistemas de protección contra los sistemas de protección.

Vía | FastCompany