Por muchos motivos, Ámsterdam es una ciudad vanguardista. Para empezar, en Holanda en general, la sostenibilidad y el apego por el medio ambiente es algo generalizado incluso en las instituciones, y estas políticas “verdes” no hacen más que mejorar progresivamente la calidad de vida de sus ciudadanos. En el caso de Ámsterdam, un proyecto iniciado en 2005 ha demostrado ya el poder de los datos para mejorar la gestión de las ciudades, y lo que es más importante, para empujar a la ciudad y sus habitantes hacia un futuro mejor.

No estamos hablando de que Ámsterdam sea una smart city en sí, porque todavía no lo es, pero sí está innovando en el uso de datos para gestionar muchos aspectos de la ciudad, y no solo relacionados con las infraestructuras. Por ejemplo, han emprendido un programa para que los más pequeños consuman más verduras y hortalizas, y para su control obtuvieron los datos de muchos establecimientos para comprobar si en efecto se estaban comprando más de este tipo de alimento. Con los resultados inmediatos podían variar lo necesario en el programa para mejorarlo.

Esa es la filosofía del Internet de las Cosas, de la ciudad conectada e inteligente. Sí, hablamos normalmente del tráfico, de la gestión de residuos… pero nos olvidamos de que la ciudad es más que todo esto: son ciudadanos con problemas cotidianos que se pueden resolver con los datos en la mano. Si nos referimos a los temas “típicos” a resolver con los datos, tenemos el caso del tráfico en la ciudad:

La ciudad también está utilizando los datos GPS de un proveedor de software de navegación y la tecnología con sede en Ámsterdam para ayudar a controlar el flujo de tráfico en tiempo real. Esta es una gran mejora con respecto a los modelos de gestión de Ámsterdam existentes de tráfico, que fueron construidos con los datos de 2011. Esos datos ya no son particularmente útiles, ya que la ciudad tiene un 25% menos de automóviles y el doble de scooters que en 2011.

Por tanto, sí se pueden realizar mejoras inmediatas utilizando los datos que están disponibles a día de hoy. No es necesario irse al “Internet de las Cosas“, pero es sencillo darse cuenta de la revolución que supondrá llevar el tratamiento de los datos al extremo. A pesar de que la ciudad de Ámsterdam no se puede considerar smart city al 100%, sí han hecho grandes avances en cuando a la gestión del tráfico mediante semáforos. Lo vemos en vídeo.

Se puede ver fácilmente cómo los semáforos se adaptan a la cantidad de vehículos en cada carril para variar la frecuencia de sus luces, favoreciendo la fluidez y llegando incluso a mantener la luz verde para un solo vehículo, de forma que carriles con muy baja densidad de tráfico no bloquean a otros en los que existe más cantidad de vehículos, e incluso dando preferencia de paso a los autobuses urbanos si van con retraso en su itinerario.

La iniciativa Amsterdam Smart City (ASC) ha puesto en marcha proyectos en ocho ámbitos: smart mobility, smart living, smart society, smart areas, smart economy, big data y open data, infraestructuras, y living labs (que se refiere a áreas de reurbanización en los que es fácil de probar nuevos tipos de experimentos de infraestructura).

El reto para convertir una ciudad en smart city es enorme, pero gracias a estas iniciativas, a los proyectos que se van desarrollando en todas las áreas y al esfuerzo en investigación y desarrollo, los resultados empiezan a ser visibles, con importantes porcentajes de ahorro energético, que ya en 2009 se cifraba en el 13%. ¿Hasta dónde podríamos llegar gracias a estas tecnologías?

Vía | MIT Sloan Review