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A veces tendemos a ver el futuro como algo que sucederá dentro de 25, 50 o 100 años, el tiempo suficiente como para que haya cambios significativos en nuestras vidas, o bien que ya haya pasado el tiempo de nuestra vida (como el caso de los 100 años vista). Sin embargo, en tan solo 10 años pueden cambiar tanto las cosas que no las reconozcamos. Pensemos en cómo eran los teléfonos móviles en 2006 (aquí una buena muestra de arqueología tecnológica), o qué tecnología incorporaban nuestros coches.

En una época de cambios tan rápidos y profundos como los que vivimos, con el auge de la inteligencia artificial, los dispositivos conectados, la nube y las tecnologías y paradigmas que nacen a partir de éstas (como la conducción autónoma o la comunicación entre vehículos e infraestructura, o el Internet de las cosas), es difícil pensar que en 10 años las cosas no habrán cambiado radicalmente con respecto al día de hoy.

Si ya podemos pagar con el móvil en un restaurante o elegir qué ver en una televisión inteligente, ¿qué podremos encontrarnos en diez años? Para tratar de imaginarnos cómo será el mundo en un plazo tan breve, debemos asumir que la cantidad de datos que se generarán y consumirán cada segundo será varios órdenes de magnitud superior a la actual. Si ya nos impresiona la cantidad de datos que se generan hoy (según IBM, en dos años se generó el 90% de los datos generados en toda la historia de la humanidad), lo que nos espera es todavía mayor.

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Por tanto el futuro será un futuro condicionado, y hasta guiado por los datos, veamos cómo.

Datos al servicio de los ciudadanos

Las smart cities generarán tantos datos relevantes que los ciudadanos podrán hacer uso de ellos en cualquier lugar. Por un lado, la disponibilidad de conexiones inalámbricas de alta velocidad será posible y viable, la gente podrá saber en todo momento el estado del tráfico, cómo evoluciona el transporte público, y cualquier tipo de información que necesiten para su día a día. Sí, esto es posible hoy en cierta medida, pero hablamos de que será exacto y en tiempo real, y virtualmente sobre cualquier necesidad que podamos tener.

La inmensa cantidad de datos generados y consumidos solo se puede apoyar en esas conexiones inalámbricas de alta velocidad y de enorme capacidad, y servirá además para mantener la red de vehículos autónomos en movimiento. Los datos generados por cada vehículo contribuirán a determinar las mejores rutas para un vehículo en particular, que a su vez contribuirá a la “nube” de datos sobre el tráfico. De hecho, hay algún futurista que cree que, con el tiempo (y no en diez años tan solo), las smart cities podrían “pensar” por sí mismas, dada la ingente cantidad de datos que se generarán.

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No parece muy exagerado pensar eso cuando la tendencia es que los vehículos autónomos sean controlados a partir de una nube de datos (conocimiento) a la que ellos mismos contribuirán. Una analogía espectacular es que las ciudades serán tan buenas asignando rutas a los vehículos que os recordarán a cómo los paquetes de datos se enrutan en una red de ordenadores (Peskovitz).

El cambio radical en los espacios habitables

La proliferación de vehículos autónomos con un control “centralizado” en la nube, y la creciente tendencia a desechar la posesión de vehículo propio (y centrarse más en el uso compartido de recursos) transformarán el espacio urbano. La razón es simple: prácticamente se eliminará la necesidad de mantener vehículos aparcados en las calles, lo que implica que ese terreno será reutilizado.

Optimizar el transporte también tendrá impacto en las zonas residenciales (en su ubicación y configuración), en las zonas verdes, de recreo y habilitadas para actividades deportivas. Las zonas residenciales serán, posiblemente, más densas y compactas, y el aumento de población seguramente desemboque en apartamentos más pequeños, ocupados por más personas (en media) que actualmente.

El contraste estará en el exterior, un lugar más abierto, más flexible y con mayores posibilidades para el ocio y el contacto con el aire libre que en la actualidad, con nuestras ciudades dominadas por los coches y demás vehículos, llenas de calles no peatonales, con inmensos espacios dedicados al aparcamiento y muy poco para las zonas verdes.

Vía | Business Insider