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Se habla mucho en los últimos tiempos acerca de las enormes posibilidades que ofrecen los drones para el reparto de mercancías en la última milla, es decir, en el último tramo de reparto, cuando se entrega el paquete al cliente final. Para que esto sea una realidad existen ciertas dificultades que superar (entre otras, el aspecto legal sobre cómo regular el tráfico aéreo de drones en los vecindarios), y una de ellas se resume en el propio aparato no tripulado. ¿Cómo deberían ser los drones que hagan realidad el reparto automatizado? Aquí veremos unos ejemplos que podrían ser reales.

¿Por qué restringir la visión a los drones aéreos?

Cuando pensamos en drones los vemos surcando los cielos; los vemos con rotores y con capacidad para evitar los cables del tendido eléctrico, pero en realidad, los drones pueden considerarse vehículos autónomos no tripulados, y eso puede servir para moverse pegados al suelo. Es el caso de la propuesta de Domino’s Pizza, que tiene un concepto innovador al pensar en su dron de reparto capaz de transportar hasta 10 pizzas calientes, incluyendo algunas bebidas frías, y hacerlo mientras recorre las calles a unos 20 km/h. Se trata de un prototipo que ya está en pruebas en Australia.

Es la misma idea que tienen en Starship Technologies con sus robots de reparto. Estos vehículos, que ya pasaron un período de prueba real, están pensados para los pequeños repartos de comida preparada, compras de alimentación o cualquier compra del día a día, con el objetivo de reducir la barrera del reparto a domicilio de las pequeñas cosas. La entrega a domicilio para pequeños negocios es complicada, y en ocasiones no es demasiado rentable (sobre todo si la entrega es fallida), de ahí que se busquen soluciones tecnológicas para mejorar la eficiencia.

01 drone delivery

En el otro lado están los drones aéreos, que afrontarían esa última fase del reparto por el aire, hasta el domicilio de la persona que espera la entrega. Serían más rápidos, seguramente, pero tienen ante sí muchas más dificultades y más riesgos (una colisión en el aire no se gestionaría igual de bien que en tierra firme). La FAA estadounidense, por ejemplo, prohíbe que los drones vuelen a más de 400 pies (más de 120 metros) de altitud, por la noche, sobre cabezas humanas y fuera de la línea de visión de sus pilotos: un contratiempo importante.

Además, en líneas generales se necesitan leyes que permitan, simplemente, que los vehículos autónomos de reparto (sean drones o no) circulen por las aceras y calles de las ciudades cerca de los peatones, y de otros vehículos. Esto no es tan sencillo como parece, y han de tenerse en cuenta todos los aspectos posibles. Y está el hecho de cómo lidiar con cualquier mal funcionamiento (que se quede sin energía, que sufra un accidente, que sea objeto de un robo…).

Queda camino por recorrer, pero por fortuna en muchas ciudades (estadounidenses, pero también europeas), la legislación ya se está preparando, igual que la propia tecnología para hacer el último tramo de reparto más viable.