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En un coche autónomo se encuentran miles de sensores y actuadores que hacen posible su funcionamiento sin intervención humana. Sin estos sensores, repartidos por todo el conjunto del vehículo, sería imposible plantearse tan siquiera una circulación simple en línea recta entre dos puntos. Toda la tecnología a bordo de un coche autónomo está pensada para recibir y enviar información en cada momento, de manera que se pueda crear una especie de “súper mente” capaz de tener una visión global del tráfico en cada momento.
Un neumático inteligente repleto de sensores que se comunica con el coche: IntelliGrip
En ese sistema tan complejo de sensores y actuadores también entran en juego los neumáticos, piezas fundamentales en la seguridad del coche y también una fuente inagotable de datos a tener en cuenta. Como único elemento de apoyo del coche con el firme, la información recibida en tiempo real es realmente interesante: desde el estado real de la calzada, pasando por el nivel de agarre disponible con una precisión enorme, hasta el estado del neumático (presión, desgaste, temperatura…).

En estos neumáticos entra en juego un ecosistema de sensores y una banda de rodadura especialmente diseñada para leer la carretera. IntelliGrip también dispone de una tecnología de desgaste activa, que a partir del sistema de sensores de Goodyear monitoriza la presión y el nivel de desgaste, evaluando de esta forma el estado del neumático y del vehículo. Esto, que es interesante desde el punto de vista de un conductor humano, se convierte en información de incalculable valor para el control autónomo del vehículo. No será ciencia ficción que el propio vehículo determine el mejor momento para acudir a un taller para el cambio de neumáticos.

IntelliGrip sensores

La comunicación bidireccional es una constante en el mundo del vehículo autónomo, y en el caso de los neumáticos se ve más claro todavía. Si para un conductor humano son importantes las sensaciones que se transmiten desde los neumáticos al volante, sobre todo para entender el nivel de adherencia en la carretera, o el estado de la misma sin necesidad de comprobarlo con la vista, para el coche autónomo lo son más.

Cuando el neumático percibe que la superficie está mojada o deslizante, esa información sirve al vehículo autónomo para adaptar su velocidad a las circunstancias. Por otro lado, al ser una comunicación más rápida y, por qué no decirlo, mucho más precisa, parámetros tan decisivos en la seguridad como la distancia de frenado, la velocidad de paso por curva (cuidando de mantener una estabilidad perfecta) o la prevención de colisiones se verán mejorados.

En el futuro no solo elegiremos los neumáticos atendiendo a variables como el agarre en mojado o el nivel de sonoridad, sino que tendremos que escoger el neumático que mejor hable con nuestro coche.

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