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“Los atascos de tráfico no tienen tanto que ver con el número de vehículos circulando como con la falta de coordinación entre los conductores”, explican en el vídeo The Simple Solution To Traffic, con subtítulos en español, “porque las personas somos torpes conduciendo, con tiempos de reacción lentos y con periodos de atención cortos”.

De modo que cuando el semáforo se pone en verde, por ejemplo, en lugar de iniciar la marcha todos a la vez, cada conductor comienza a moverse cuando se da cuenta de que ya puede avanzar. E incluso después, en el caso de los conductores más distraídos y lentos. Sencillamente, para los humanos es imposible coordinar una salida simultánea y a igual velocidad, que sería la forma “ideal” de salir de un semáforo.

Esta ausencia de coordinación reduce todavía más el número de coches que pueden cruzar la intersección en un tiempo dado, en un cruce con o sin semáforo. Por tanto, la cola necesitará tiempo antes de diluirse entre el resto de vehículos en circulación. Eso en el mejor de los casos, porque también suele suceder que esa cola causa otra cola distinta o que la misma cola simplemente se traslada y se vuelve a formar en la siguiente intersección.

Este es el motivo que en las autopistas no hay intersecciones. Hay incorporaciones, salidas, pero no intersecciones al mismo nivel. No hay que pararse, no hay problemas de coordinación,… Al menos en teoría, porque en la práctica también en la autopista se producen atascos.

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En este caso tiene que ver con la velocidad a la que circulan los coches y la distancia que mantienen los conductores entre sí; a igual velocidad y distancia no se producen atascos. Pero, de nuevo, no es el caso porque los conductores humanos no pueden coordinarse, siquiera comunicarse, para mantener igual velocidad y distancia. De modo que los cambios de carril para adelantar o una frenada ligera por parte de un conductor puede tener un “efecto dominó” en los coches que le suceden. Y provocar un “atasco fantasma” que no se debe a ningún motivo sino a la falta de coordinación y a la conducción irregular, propia de las personas.
El Volvo Concept 26 modifica el interior del vehículo al pasar de la conducción manual a la autónoma, y viceversa.
Aquí es donde los coches autónomos o semiautónomos muestran su principal ventaja respecto a los conductores humanos. Los coches robotizados sí pueden comunicarse y coordinarse entre sí para mantener igual velocidad y distancia a cada instante. De ese modo, dejan de ser necesarios los cambios de carril para adelantar y dejan de producirse variaciones innecesarias de velocidad. Desaparecen por tanto los atascos. De hecho, cuando los coches se comunican entre sí dejan de ser necesarias las intersecciones y hasta los semáforos.

De modo que la “solución sencilla” a los atascos de tráfico pasa por la complejidad y sofisticación de la conducción autónoma.

La conducción autónoma no tiene por qué excluir la conducción manual y sí aprovechar las ventajas de la conducción autónomo para ofrecer al conductor lo mejor de ambos mundos: en The Future of Driving casi el 70% de los encuestados (la votación está abierta a cualquiera) considera que “la conducción manual es un lujo a preservar” y casi el 90% está de acuerdo con que “los coches robotizados deben respetar el gusto por conducir”. Un placer, el de conducir, que será aun mayor cuando hayan desaparecido las causas de estrés al volante, como los atascos de tráfico.

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