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Los neumáticos actuales son redondos; geométricamente circulares, cilíndricos o toroidales. Pero en el futuro los coches podrían circular sobre neumáticos completamente esféricos, como enormes balones de fútbol o baloncesto; al menos esa es la idea tras el concepto de las Goodyear Eagle 360, un nuevo desarrollo recién salido de la mente de algún ingeniero visionario y que de momento está todavía sobre la mesa de dibujo.

La forma más sencilla de entender cómo funcionan es recordar cómo eran las “bolas del ratón” en los ordenadores antiguos, o los trackball que las reemplazaron. Esas bolas o esferas neumáticas van instaladas en un receptáculo en el que se las podría hacer girar mediante levitación magnética para lograr la tracción necesaria –que esto sea práctico en algo del tamaño y peso de un coche circulando a toda velocidad está todavía por demostrar.

Los Eagle 360 se denominan así por su forma, que es básicamente una esfera con algunos dibujos en forma de laberínticos patrones –aunque por dentro llevan una banda de rodadura especial. Esa peculiar forma dotaría al vehículo de una maniobrabilidad única que no tienen los coches de hoy, dado que podrían conducirse en cualquier dirección –algo muy útil sobre todo para los vehículos autónomos o a la hora de aparcar. Además de esto, proporcionarían mucha seguridad al poder ajustar sus movimientos del mismo modo, tanto durante la conducción normal como en situaciones de emergencia.

Fabricados en un material similar al de una esponja, “regulable en dureza”, los haría especialmente adecuados para conducir en condiciones de lluvia, por ejemplo. Según la información que ha circulado al respecto ese material además se “ablandaría” al entrar en contacto con el agua y podría ofrecer mejor maniobrabilidad en situaciones de aquaplanning o derrapes.

Goodyear Eagle 360

Con neumáticos esféricos los movimientos del coche son fluidos pero diferentes de los de un coche tradicional: no se tendría que modificar el eje de dirección del vehículo sino que éste podría desplazarse lateralmente poco a poco. Estos movimientos estarían calculados para reposicionar las bandas de rodadura óptimas para cada tramo por el que se circulara.

Entre otros avances estos neumáticos participarían de la llamada Internet de las cosas y serían capaces de comunicar el estado de la calzada a otros vehículos que circularan por ella (por ejemplo: un aviso de peligro de charcos o hielo). También podrían conocer su estado de desgaste y así alargar su vida útil. Ahora solo queda que salgan de la mesa de dibujo para pasar a ser un producto real –siempre que consigan salir de la fase de “puro concepto“.

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