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La promesa de la domótica primero, y del concepto “smart” aplicado al hogar (podríamos decir el ‘hogar conectado’ o smart home), parece eso, tan solo una promesa. Hace unas pocas décadas, cuando los primeros sistemas domóticos serios aparecían en el mercado y era posible regular las luces a distancia, las posibilidades parecían inmensas. Corría la segunda mitad de la década de los años 70 y la imaginación (y el cine) se encargaron de ponernos los dientes largos a todos. En ‘Regreso al futuro‘ veíamos un ingenioso sistema para preparar un desayuno completo y poner la comida al perro. Un tanto desastroso, pero muy atractivo.
Un hogar domótico y conectado está todavía lejos de nuestro alcance
Subir las persianas automáticamente a la hora de levantarse mientras se prepara el café y se descongela pan no es imposible, pero no es algo cotidiano en nuestras vidas. Por el contrario, existen dispositivos aparentemente poco útiles como el Dash Button de Amazon que son totalmente funcionales, igual que otros sistemas sencillos que están relacionados con la seguridad, por ejemplo, un relé que salta cuando falla la luz, cortando así el gas.

Pero, ¿qué pasa con las luces conectadas, los electrodomésticos inteligentes? Como, por ejemplo, ese frigorífico que pide leche al súper cuando se termina… que parece más una fantasía que algo práctico. ¿Estamos preparados para instalar esos dispositivos? La pregunta más importante sería ¿para qué? Porque si pensamos en un conjunto de dispositivos inteligentes controlados por una app para sentirnos seguros cuando vamos de vacaciones, capaces de aparentar que hay alguien en casa, tiene su utilidad.

homerPero dentro de casa, si queremos encender una luz de la habitación, ¿necesitamos una app? Otra cosa sería disponer de un sistema de luces ambientales que reaccionen a nuestro estado de ánimo o a la concentración, como veíamos al hablar de este tipo de objetos inteligentes. Pero un sistema así parece lejano y poco accesible al común de los mortales.

Un problema canónico para que la smart home sea una realidad es que cada aplicación, cada dispositivo y cada elemento estará controlados por su propia app, y esto es un obstáculo. Se necesitaría o bien un protocolo estándar, un controlador universal (sí, uno que sirva para controlar la realidad serviría) que pudiésemos programar con las funcionalidades de que disponemos: control de luces; automatismos varios (subir las persianas y conectar la cafetera, cambiar los valores de la calefacción o conectar el aire acondicionado); control de inventario alimenticio y pedido online…

Otra opción, la habitual, es contratar paquetes de automatización y seguridad a una única empresa, que lo instala y lo mantiene. Hoy en día es posible disponer de control remoto sobre luces, puertas, temperatura, detectar fugas de agua, fuga de gases peligrosos, cortes de luz, así como todos los sensores habituales dedicados a la seguridad en el hogar. Se puede también controlar el riego del jardín, y seguramente poco más de manera comercial, “en paquetes”.

El riesgo de este tipo de montajes es el tiempo que el comprador se va a pasar pensando si realmente lo necesitaba, o no. El precio suele ser importante, por ejemplo, en los EE.UU. un paquete que incluya lo comentado en el párrafo anterior puede salir por unos 65 dólares al mes, ¿caro o barato?

Existe otra opción: ser un manitas nivel crack (mención especial para el momento en que ordena que las luces se sincronicen con la película).

Vía | Recode