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El impacto que tendrá la tecnología móvil 5G en todo lo relativo a los coches conectados será, sin duda, importante. Pensemos que hasta ahora las soluciones de conectividad de las que disponemos en un vehículo (3G, 4G) son sistemas móviles pensados para otras cosas: hablar por teléfono y navegar por Internet, básicamente. Sin embargo, el 5G, que es como se denomina la siguiente generación de móviles, ha nacido a partir de requerimientos de diversas áreas de la industria en las que esa comunicación móvil es cada vez más necesaria, e intenta cubrirlas todas ellas.

Cuando se despliegue la tecnología 5G a nivel masivo, algo que se espera sea algo normal hacia el año 2018, tanto los vehículos como las infraestructuras de calles y carreteras se verán beneficiados por ellas. Entre otras cosas facilitarán la comunicación vehículo-a-vehículo, la movilidad inteligente (señales de tráfico, sensores y mapas) y facilitará la gestión de recursos en las vías de circulación.

Infographic5GVision

Todo esto será posible gracias a algunas de las características que se han definido hace años y forman parte de los estándares que ya están implementando los fabricantes y las operadoras de comunicaciones:

  • Estándares internacionales – Al menos Europa y Japón han decidido unificar criterios respecto a lo que se entiende por 5G y los estándares comunes, así como las frecuencias. Esto facilitará la armonización global de las frecuencias del espectro radioeléctrico que se utilice para estas comunicaciones, y los mismos terminales funcionarán en ambas regiones – a las que podría sumarse alguna más.
  • Cien por cien de cobertura – La idea es que el 5G llegue a cualquier lugar en el que estén presentes las redes actuales y probablemente más allá. Esto hará que la comunicación móvil sea todavía más útil en situaciones en las que hoy en día la cobertura es un problema.
  • Alta disponibilidad – Esto significa que la red 5G prácticamente nunca dejará “tirados” a los usuarios y estará siempre funcionando, prácticamente el 99,99% del tiempo.
  • Alta velocidad – Según los dispositivos se podrían alcanzar hasta los 10 gigabits por segundo de capacidad de transferencia. Comparativamente las conexiones de fibra óptica de los hogares tienen hoy en día entre 50 y 300 megabits por segundo – y nos sirven incluso para ver películas de alta definición 4K. En algunos países son habituales ya las conexiones de 1 gigabit por segundo (1.000 megabits). Esta mayor capacidad facilitará el envío masivo de datos, vídeo y todo tipo de información.
  • Baja latencia – La latencia es el tiempo ínfimo de los retardos acumulados que sufren los datos al viajar de un punto a otro de la red. Cuando más baja sea esa latencia, mejor. Normalmente se mide en milisegundos y se considera que con una conexión rápida de fibra 5 ms es un tiempo más que razonable; en conexiones ADSL puede ser de 30 ms o más. El 5G aspira a ofrecer 1 ms e incluso romper la barrera con tiempos más bajos. En otras palabras, esto significa “respuestas casi instantáneas”, algo necesario para los coches conectados –especialmente los autónomos– donde las velocidades de desplazamiento hacen que cualquier retraso suponga que el coche ya se habrá desplazado decenas de metros desde que se inició la comunicación.
  • Más dispositivos simultáneos – Los puntos de comunicación 5G que den cobertura a una zona admitirán muchos más dispositivos de forma simultánea, lo que evitará los momentos de “saturación de la red”. Esto es importante en las grandes aglomeraciones (estados, conciertos, atascos) o en momentos pico (navidades, urgencias). Con la llegada de la Internet de las cosas se calcula que puede llegar a haber unos 50.000 millones de dispositivos conectados a estas redes en las próximas décadas.

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