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Volvo comenzó a desarrollar el prototipo LCP 2000 (Light Component Prototype) en 1979 con el objetivo de anticipar cómo serían los coches en el año 2000: ligeros, eficientes y de muy bajo consumo. En 1983, Volvo dio a conocer un vehículo con un consumo de combustible mínimo. Tan reducido que han tenido que pasar 35 años y se han tenido que aplicar tecnologías como los sistemas de propulsión híbridos para alcanzar un consumo similar.

De hecho, el prototipo Volvo LCP 2000 deriva de un proyecto anterior de Volvo que en 1976 contempló la posibilidad de desarrollar un coche eléctrico que el ingeniero Rolf Mellde, padre del proyecto, bautizó como Ellen.

El LCP 2000 que se desarrolló en su lugar, del cual se fabricaron cuatro unidades, debía dar cabida a cuatro pasajeros, pesar 700 kg y consumir menos de 4 litros. Una combinación de objetivos casi imposible de conseguir en 1979 que sin embargo el LCP 2000 alcanzó.

Volvo LCP 2000, el prototipo de 1983 que anticipó el futuro

La clave del bajo consumo del Volvo LCP 2000 estaba en su ligereza: estaba construido con materiales ligeros casi en su totalidad, con el empleo masivo de magnesio, aluminio, plástico y fibra de carbono. Estos materiales todavía casi exóticos se empleaban para la estructura, la carrocería y el motor. Al elegir los materiales los ingenieros de Volvo tuvieron en cuenta que en el futuro su uso sería más común, además de que eran ligeros y reciclables.

El suelo del coche, por ejemplo, “consistía en una única pieza de plástico rígido a la que se unía el resto del coche, mientras que los marcos de las puertas estaban construidas con fibra de carbono”, según Jalopnik. “Algo que no era trivial en 1983.” Hoy el uso de la fibra de carbono es habitual en vehículos que buscan la ligereza por razones de eficiencia o de rendimiento, o por ambos motivos. A pesar de sus casi cuatro metros de longitud el LCP 2000 pesaba 707 kg, que es más o menos lo mismo que pesa un monoplaza de Fórmula 1.

Volvo LCP 2000, el prototipo de 1983 que anticipó el futuro

Para el LCP 2000, Volvo recurrió a dos propulsores diésel, un turbodiésel de inyección directa de 1,3 litros construido con magnesio (52 CV) y turbodiésel de 1,4 litros de hierro fundido (89 CV). Ambos motores tenían tres cilindros y ambos estaban adaptados para funcionar con una gran variedad de combustibles y biocombustibles, desde diésel convencional, gasolina de bajo octanaje o biodiésel obtenido de aceites vegetales (maíz, coco, cacahuete, soja o girasol, por ejemplo) y de grasa y aceite animal (pollo, pescado). En cuanto al consumo, el Volvo LCP 2000 consumía 4 litros de combustible por cada 100 km recorridos en ciudad, y menos de 3 litros en circulación por autopista.

Entre las diversas modificaciones hechas por Volvo a estos motores, originalmente refrigerados por agua, se hacía circular el aceite por el circuito de refrigeración para mantenerlos frescos, de forma parecida a como se enfrían los motores refrigerados por aire.

Volvo LCP 2000, el prototipo de 1983 que anticipó el futuro

Con el LCP 2000 Volvo hizo también algo inusual en aquella época: calculó cuál era la huella energética total del vehículo, la energía y el impacto medioambiental en todo el ciclo de vida del vehículo, desde la extracción de los materiales empleados para su fabricación hasta el final de su vida útil, la llegada al desguace y el proceso de reciclaje. En 1998 Volvo fue la primera marca de coches en publicar información medioambiental sobre sus productos, conocido como EPI (Environmental Product Information), que tiene sus orígenes en aquel estudio hecho con el LCP 2000.

Fotos | Volvo

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