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Si todavía no has visto WestWorld (HBO) no pierdas la oportunidad de disfrutarla. La serie explora lo que podría ser una realidad en las próximas décadas: un parque temático ambientado en el oeste americano en el que los figurantes que lo pueblan son robots (aunque muy humanos a los ojos de cualquiera) y que están dotados de una super potente inteligencia artificial.

Sin peligro a hacer ningún spoiler, el desencadenante del conflicto que guía toda esta primera temporada de WestWorld es el siguiente: cuando tengamos a nuestro alcance la tecnología para hacer máquinas inteligentes, ¿podremos controlarlas?

WestWorld, otra superproducción de HBO

Dicen los críticos que esta es la serie que HBO diseñó para ser la sucesora de Juego de Tronos, gracias a su tono oscuro e inquietante narrativa. Además, WestWorld está basado en una película de los años setenta dirigida por Michael Crichton, padre de muchos best sellers que han saltado a la gran pantalla como Esfera, Congo o, el más exitoso, Parque Jurásico.

WestWorld cuenta con la producción de Jonathan Nolan, hermano de Christopher Nolan y con Ed Harris y Anthony Hopkins, así como otras estrellas emergentes como Evan Rachel Wood. Por si fuera poco, J.J. Abrams, el encargado de los reboots de Star Wars y Star Trek, coproduce la serie. El aspirante a nuevo ‘Rey Midas’ de Hollywood convierte en oro todo (o casi todo) lo que toca, así que con esta producción no se ha salido, ni mucho menos, del guión.

Poco podemos decir del argumento sin empezar a destripar la serie, así que será mejor que lo descubráis por vosotros mismos. Eso sí, lo que podemos analizar aquí es algunas de las implicaciones éticas que la serie despierta sobre la Inteligencia Artificial, la Robótica y la Tecnología en general.

Si todavía no has tenido el gusto de ver esta maravillosa serie, aquí tienes un trailer para ir abriendo boca.

¿Dilemas éticos sobre el respeto a un robot?

En los videojuegos nos comportamos (a veces) como jamás nos portaríamos en la realidad. En un artículo de Forbes lo comparan con Grand Theft Auto: criticado en numerosos sectores, este super-ventas de los videojuegos muchas veces lleva a los jugadores a robar coches o atropellar gente, por el simple hecho de que el juego te lo permite. Implicaciones morales aparte (y dejemos el debate del GTA fuera de aquí), ¿qué pasaría si los sujetos del entretenimiento en cuestión fuesen, a simple vista, humanos? WestWorld concluye que los ricachones que pudieran permitirse una vuelta por su ‘parque de atracciones’ irían matando a los “huéspedes” (estos robots hiper-inteligentes diseñados por impresoras 3D de vanguardia), de todo tipo de formas, por simple diversión.

Las consecuencias vienen después: ¿podrían soportarlo otros humanos? Surgen personajes que desarrollan afinidad o implicaciones emocionales por estos “huéspedes” y saltan todas las alarmas cuando otros los dañan como si de simples trastos se tratara. Además, aparecen los dilemas, como por ejemplo, el hecho de que el parque saque a relucir lo peor de cada persona. Si tuviéramos frente a nosotros un robot inteligente ultra realista, ¿lo trataríamos como a un simple objeto o le daríamos un tratamiento especial, diferente?

Como en grandes obras de la literatura de ciencia ficción (Yo, robot de Isaac Asimov, por poner un ejemplo), WestWorld nos engancha, además de por su cuidada producción y fascinante narración, porque nos enfrenta a preguntas que nos atañen y nos hacen reflexionar.

Aprendizaje reforzado y las reglas del juego

En el parque robótico de Westworld todos los robots viven una rutina diaria que en la serie bautizan como “narrativas”. Estas han sido previamente escritas por los diseñadores de la experiencia y no hay peligro de que las cosas salgan mal porque los “huéspedes” siempre repiten las mismas rutinas. Las cosas empiezan a funcionar mal cuando los “huéspedes” comienzan a recordar y a experimentar flashbacks una vez se les introduce un nuevo código para mejorar su respuesta en esta realidad ficcionalizada. Podemos enlazar estos conceptos a los principios del Machine Learning, precisamente una de las tecnologías escogidas este año en el MIT como las más disruptivas del futuro más reciente.

La experimentación de estas máquinas inteligentes les lleva a descubrir cosas sobre el entorno para el que han sido diseñados y, lo que es más importante, les da alas para dar con soluciones para las que nunca habían sido programados. Este concepto se conoce como aprendizaje reforzado y será una revolución para la inteligencia artificial en los próximos años. ¿Podremos darle “creatividad”, por llamarlo de alguna manera, a una máquina?

Lo que está claro es que la inteligencia y otras facultades asociadas le aportarían esa humanización a objetos inanimados. Llegado este punto, ¿sabremos identificar qué es éticamente correcto para tratar con un robot? ¿Tendremos que ponerle límites a la Inteligencia Artificial?

Noam Chomsky, padrino de la Inteligencia Artificial (sí, además de lingüista, filósofo y activista), declaraba que todo lo que se hable hoy en día sobre este campo pertenece al ámbito de la ficción antes que de la ciencia. Por lo tanto, hoy en día solo podremos pensar en la IA como una herramienta, no una amenaza.