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El embrague del coche es una pieza esencial que, en caso de desgaste o avería, puede conllevar un gasto importante en reparaciones. En los coches con caja de cambios manual, el buen uso del pedal de embrague es vital para prolongar el tiempo de vida del sistema.

Al contrario, un mal uso del pedal de embrague puede acelerar el desgaste de los discos de embrague y, en un caso extremo, podemos llegar a quemarlo.

¿Para qué sirve el embrague?

El embrague es un sistema que sirve para separar el motor de la caja de cambios. Cuando no pisamos el pedal de embrague, el motor y la caja de cambios están acoplados, y la fuerza del motor se transmite hacia las ruedas motrices.

Cuando pisamos el pedal de embrague a fondo, el motor se desacopla de la transmisión, y por tanto no se transmite ninguna fuerza a las ruedas motrices.

Este sencillo concepto se traduce en un complejo sistema con multitud de piezas y discos que, con el desgaste, dejarán de desempeñar su función con normalidad. Hemos de tener en cuenta que el embrague es un elemento de desgaste del coche. Es decir, que con el paso del tiempo, uso y kilómetros se va a gastar y lo tendremos que sustituir.

El juego del embrague y el acelerador

El proceso que hacemos a diario para arrancar en primera velocidad es muy sencillo… con la práctica. Seguro que todos podemos recordar alguna vez que “calamos” el motor en las prácticas de la autoescuela, o en nuestros primeros meses como conductores.

Incluso, por despiste, no es nada raro calar el motor por soltar cuando no toca el pedal de embrague.

Sin duda, una de las maniobras más complicadas al inicio de nuestra carrera como conductores es el juego de embrague y acelerador.

Así se conoce al movimiento conjunto de ambos pedales para emprender la marcha: vamos soltando el pedal de embrague hasta el “punto de fricción” en el que notamos cómo la fuerza del motor se transfiere a las ruedas motrices a la vez que aceleramos lo suficiente como para evitar calar. Esta es la mejor manera de soltar el embrague.

No debemos acelerar demasiado, puesto que si lo hacemos aumentará la fricción al soltar el pedal de embrague. Tampoco debemos acelerar demasiado poco, ya que el esfuerzo del motor para arrancar con el ralentí pueden implicar vibraciones nocivas para la vida del motor. Hay coches con suficiente par en bajas revoluciones como para moverse con el ralentí, pero es algo poco recomendable.

Como casi todo a bordo del coche, es cuestión de práctica.

¿Cómo arrancar en cuesta sin forzar el embrague?

Arrancar en cuesta es, seguramente, de lo más complicado que nos podemos encontrar en las maniobras típicas del día a día. Si nos encontramos con el coche detenido, con el freno pisado para que no se mueva, y queremos arrancar en primera, debemos hacer un juego de pedales que requiere de mucha precisión.

Lo más intuitivo es ir soltando el embrague hasta que llegamos al punto de fricción, momento en que soltaríamos rápidamente el pedal de freno para accionar el acelerador. Si la pendiente es muy pronunciada el coche se puede desplazar hacia atrás, y si no coordinamos bien los movimientos podríamos calar el motor con facilidad, o bien forzar el embrague de manera innecesaria.

Una alternativa para arrancar en cuesta sin forzar el embrague es usar el freno de mano. Partimos con el freno de mano puesto, y hacemos el juego de embrague y acelerador normal con mucha suavidad. Cuando notemos que el coche empieza a tirar soltamos el freno de mano.

Si lo hacemos bien, saldremos sin ningún problema, sin tirones y sin forzar el coche en absoluto. Esto requiere algo de práctica, pero es muy efectivo, sobre todo en cuestas de gran pendiente.

Afortunadamente, hoy en día existen soluciones como el sistema de ayuda al arranque en pendiente (HSA) que mantienen el coche frenado unos segundos, tiempo más que suficiente para hacer el “juego de pedales” como si nos encontrasemos en llano.

¿Cuándo debemos pisar el embrague al frenar?

La respuesta corta es que debemos pisar el embrague al frenar justo antes de que el motor se cale. En cualquier otro caso, lo más recomendable es frenar aprovechando al máximo los efectos del freno motor.

Cuando pisamos el embrague al frenar estamos desacoplando el motor de la transmisión y por tanto no aprovechamos esa fuerza del freno motor a nuestro favor para detener el coche.

 

Así que, por regla general, deberíamos pisar el pedal de embrague solo cuando realmente necesitemos desacoplar el motor de la transmisión, ni más, ni menos. Y, frenando, solo nos interesa hacer eso justo antes de que el motor se vaya a calar.