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El sueco curioso: un cálido abrazo desde Tromso

Entre picos helados, toscos glaciares y ballenas nómadas se alza Tromso, un remoto enclave ártico en la costa septentrional de Noruega. Esta pequeña ciudad tiene un magnetismo especial que atrae a gente del mundo entero: viajeros en pleno peregrinaje personal, turistas a la caza de auroras boreales o científicos deseosos de aportar su granito de arena al progreso de la humanidad. Acompáñenos en un viaje en el que cruzaremos la Puerta del Ártico y déjese seducir por el mágico y magnético hechizo de Tromsø.

Yo no soy pescadora. Pero mis manos agarran con fuerza los pasamanos helados de un pesquero que surca las aguas del Balsfjorden, en Tromso. Y noto el inconfundible olor de las capturas del día, balanceándose en la cubierta. Mis mejillas tienen la consistencia de los carámbanos de hielo que cuelgan de los pasamanos. Mi melena se ha solidificado y los copos de nieve se han apoderado de mi abrigo. Quizás me estoy adentrando en un reino en el que la nobleza no vive en castillos, sino en el impenetrable hielo que nace de los lechos rocosos. En el que los blanquísimos glaciares se deleitan con el dulce abrazo del sol. Tal vez tengo el cuerpo adolorido. Pero no soy pescadora.

Y tampoco la pareja americana que tengo al lado y que inmortaliza con sus fotografías el reino que nos observa. Somos solo tres de los miles de turistas que todos los años acuden a Tromsø para disfrutar de la singularidad de su paisaje, su cultura y su historia.

Tromso: la París del norte

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Tromsø se encuentra en uno de los puntos más septentrionales de la costa noruega, al norte del círculo ártico, allí donde Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia y Laponia se dan la mano. Al igual que el resto de Noruega, los cimientos de Tromsø son los de una naturaleza en su expresión más pura y majestuosa. Aquí, imponentes montañas contemplan cómo pacen las ballenas en un mar de aguas cristalinas. La nieve extiende su manto por kilómetros y kilómetros de llanuras. Y como telón de fondo omnipresente, una cortina de luces verdes, rojas y rosadas: las auroras boreales. El poderoso magnetismo de este escenario atrae a curiosos y viajeros de todo el mundo.

Pero no siempre fue así. Fundada en 1794, las primeras descripciones de la ciudad hablan de un lugar oscuro, pobre, primitivo, atrasado y castigado con un clima terrible. Bautizada como la “Puerta del Ártico”, Tromsø fue durante mucho tiempo poco más que una parada para los exploradores polares en el inicio de sus expediciones.

Sin embargo, poco a poco el mundo empezó a tener noticia de su puerto, siempre despejado de hielo, y de su abundante pesca, por lo que no tardaron en darse cita en Tromsø intrépidos centroeuropeos que sentarían las bases de la ciudad internacional y cosmopolita de hoy. A finales del siglo XIX, barcos y cargueros de Francia, Alemania y Gran Bretaña se agolpaban en los muelles, donde los comerciantes hacían su agosto con la carne de foca, ballena e incluso buey almizclero. Y cuando se puso en marcha el servicio de cruceros Hurtigruten, en 1893, la ciudad empezó a recibir a legiones de turistas del mundo entero. Americanos, daneses, británicos e italianos, que llegaban pensando encontrar un país pobre y subdesarrollado, quedaban prendados de la hospitalidad y la cultura de los noruegos. Y así fue como, poco a poco, Tromsø terminó por ser conocida con otro nombre: la París del norte.

Palabras desde el corazón

Moverse por el imponente paisaje de Tromsø es sin duda una experiencia única, pero para disfrutar al máximo de las sinuosas carreteras y las vistas de vértigo que dominan su paisaje no vale cualquier coche
Una tormenta de nieve me da la bienvenida al llegar a Tromsø. Cojo un taxi para llegar a mi hotel, situado junto al puerto en el que el Hurtigruten descansa en su amarre. El trasiego de turistas es continuo, cada uno hablando en su idioma, pero todos con idéntico lenguaje corporal. Con sus rostros parapetados tras las capuchas de sus abigarradas chaquetas de invierno, avanzan trabajosamente por la acera resbaladiza rumbo al hotel. No salen de su asombro ante la meteorología del lugar. Apenas tengo tiempo de cruzar un par de palabras con un grupo de turistas japoneses antes de detenerme, también yo, para contemplar el cielo. En cuestión de minutos, la ventisca ha dejado paso a un cielo totalmente despejado, de color azul marino.

Sin embargo, la vida nocturna de Tromsø es cualquier cosa menos tranquila. La crisis de la industria pesquera durante los años setenta y ochenta a causa de la sobreexplotación obligó a la ciudad a modernizarse. Y lo hizo tan a conciencia que actualmente cuenta con varios hospitales y universidades de referencia. Gracias a esta nueva condición, Tromsø no solo gana en torno a un millar de habitantes cada año, sino que también es testigo de una auténtica explosión cultural. Y esta rica vida interior se agradece especialmente en invierno, como antídoto al aburrimiento y a la oscuridad permanente, pese al indiscutible encanto de la noche polar, que dura del 21 de noviembre al 21 de enero. En esta época del año, los amaneceres, aunque fugaces, se convierten en un espectáculo único. La noche polar es también el mejor momento para contemplar una aurora boreal. Y Tromsø es uno de los mejores escenarios del mundo para presenciar este espectáculo, una posición privilegiada que la ciudad no duda en explotar, con una variada oferta de opciones destinada a los turistas atraídos por este fenómeno celeste.

Tal vez sea por el clima propio del norte de Noruega, pero Tromsø es también un terreno abonado para la música, pues ha exportado desde autores de pop electrónico o jazz hasta siniestros grupos de black metal. Y aunque los estilos no se parecen en nada, todos tienen un denominador común: la música de Tromsø nace del corazón. Tengo la impresión de que la mentalidad colectiva de los lugareños nace en gran parte de la necesidad. Para sobrevivir en un confín tan remoto del Ártico hace falta moverse como un solo hombre.

Hemos desarrollado Sensus Connect: un sistema de infoentretenimiento integrado para disfrutar de una experiencia más variada, intuitiva y divertida al volante. Y para poder contemplar el paisaje con toda tranquilidad. Con Sensus, puede reproducir su música favorita, escuchar la radio o disfrutar de un audiolibro gracias a un amplio abanico de apps. Y también descubrir nuevos lugares con la ayuda del sistema de navegación iGo.

Paisajes con vida propia

Por la radio suena Röyksopp. El sol brilla al otro lado del parabrisas y los muros de nieve que flanquean la estrecha carretera se alzan hasta los dos metros. Al volante, tengo la sensación de conducir por un túnel excavado en la nieve, rumbo a un mundo desconocido. Pero Sommarøy no tiene nada de desconocido. A solo una hora de Tromsø, mi destino aparece perfectamente indicado en el sistema de navegación de mi Volvo XC60.

Un coche se acerca en sentido contrario y contengo la respiración, mientras reduzco la velocidad hasta casi detenerme. Sin embargo, el otro conductor no parece ni darse cuenta. Me adelanta a toda prisa, rozando el muro de nieve y pasando a escasos centímetros de mi coche. De repente, al volante de mi R-Design, soy consciente de lo absurdo de mis temores y me prometo a mí misma que la próxima vez que me cruce con otro vehículo no echaré el freno de mano. La canción “What Else Is There” me aísla del mundo, pero lo que está claro es que el dúo Röyksopp lleva el sello de Tromsø. Tan claro como que puedo toparme con un reno en la próxima curva. Sommarøy es una ciudad envuelta por el abrazo de una maraña de bahías de aguas cristalinas y poco profundas. El paisaje transmite inspiración a raudales, una especie de espiritualidad que conecta a las mil maravillas con la música electrónica que inunda mi coche.

Aunque estamos 300 km por encima del círculo ártico, el clima de la zona es relativamente cálido, gracias a la corriente del Golfo. El cálido abrazo de México ayuda a mantener la temperatura media en invierno a unos 5 grados bajo cero. Sin embargo, el invierno es siempre largo e imprevisible, y no es extraño que en un mismo día hagan acto de presencia las cuatro estaciones. Mientras sigo avanzando por Sommarøy, de repente me encuentro sumergido en la oscuridad más profunda y absoluta. Aunque en el retrovisor todavía alcanzo a ver el sol, me he adentrado sin saberlo en otra ventisca.

Sensus permite acceder a la premiada app para smartphone Volvo On Call, una solución para tener su Volvo siempre controlado, esté donde esté: revise los niveles de combustible, caliente el habitáculo antes de entrar, compruebe si las ventanillas y las puertas están cerradas… Y todo de forma remota y a su aire.

Un coraje forjado en la historia

Tromsø es un hervidero de activismo social, en gran parte gracias a las mujeres. Mientras los hombres se hacían a la mar, las mujeres se quedaban en casa y daban vida a la ciudad. Los espectáculos de variedades, música y teatro copaban la agenda cultural de la ciudad y, en la actualidad, lideran un sector tremendamente dinámico. Resulta curioso que, pese a la abundancia de grandes esquiadores en esta zona, no haya surgido de esta ciudad ningún atleta de élite. Esta circunstancia se explica por el valor que sus habitantes dan a la interacción humana y la vida social. Los accidentados inicios de Tromsø han enseñado a sus habitantes actuales a no dejar escapar ni la más mínima oportunidad. Desde sus primeros antepasados, que tuvieron que apañárselas como buenamente pudieron (y sin red de seguridad), el espíritu aventurero se ha transmitido de generación en generación.

En 40 años, la población se ha triplicado, hasta alcanzar las 70.000 almas. La ciudad, convertida en una auténtica meca de la alta tecnología, ha atraído a inmigrantes, emprendedores, turistas e investigadores del mundo entero. La lista de nacionalidades representadas asciende ya a 120. Tromsø ha sido siempre una ciudad abierta y acogedora: sus vecinos muestran interés por los visitantes y también por las cosas nuevas.

La joya de la corona

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Mientras contemplo el paisaje al otro lado del pasamanos, tengo clarísimo que no soy pescadora. No he heredado de mis ancestros unos nervios de acero forjados a lo largo de generaciones para dominar los mares helados. Mis ojos nos están programados para escudriñar el entorno en busca de amenazas o de oportunidades. En Tromsø, la naturaleza es noble y majestuosa, con un porte erguido y un fulgor azulado. Tal vez no soy pescadora, pero este mar es la mayor de las capturas, y está al alcance de todos.

En Tromsø, la naturaleza es puro espectáculo. Tan impresionante como la calidez que irradian sus habitantes. Lanzo un beso al viento, en dirección sudoeste, con la esperanza de que su calor pueda viajar con la corriente del Golfo. En Tromsø, la naturaleza es un reino. Y las gentes de Tromsø son la joya de la corona.

Texto / Imágenes: Ulrika Hamrén, Jens Lorensson y Carl Johan Engberg
Nota: Artículo publicado en la revista My Volvo Vinter Magazine

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Comentarios

Fabián Bueno

Maravilloso artículo. Siempre es magnificio conocer una nueva ciudad en el mundo, con tanta belleza y a la vez tan moderna y cosmopolita. Entran muchas ganas de viajar hasta allí. La duda, es si ir en avión o en un Volvo XC90. Gracias por acercarnos el artículo. La editorial del magazine de Volvo de tecnología, es refrescante y siempre disruptiva.

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