Una góndola submarina para experimentar un pequeño viaje a las profundidades del océano

Hay inventos que parecen transportados directamente desde la época de Julio Verne; elegantes máquinas de aspecto antiguo y mecanismos aparentemente rudimentario, pero construidas con ingeniería actual. Este es el caso de estas góndolas de buceo (en alemán, Tauchgondel) que llevan años sirviendo como reclamo recreativo en las costas del mar Báltico. El divulgador científico Tom Scott ha compartido en un breve vídeo la experiencia de sumergirse en una de estas góndolas de buceo, algo interesante y de lo que además se pueden aprender unas cuantas cosas.

Lo primero que hay que saber es que estas «campanas de buceo» buscan la seguridad de los participantes: nunca han tenido accidentes y cuentan con un sistema que las puede sacar del agua en cuestión de segundos, además de aire más que suficiente para cada inmersión y dos escotillas que permitirían salir por una escalera hasta la superficie, directamente al muelle en el que está la entrada. Además de eso, los cristales son de 6 centímetros de grosor –a prueba de roturas– aunque… ¿Qué sucede si se queda en el fondo?

Aquí es donde la física y la tecnología se combinan, porque la góndola no puede quedarse hundida: dado que hay aire en su interior, al sumergirse desplaza más volumen de agua que su propio peso (100 toneladas de agua frente a 50 toneladas de metal + aire) de modo que el principio de Arquímedes haría por sí solo el trabajo de subirla a la superficie. Toda la instalación es de hecho más un sistema de dos motores que tira de ella hacia abajo más que algo como un ascensor que tirara de ella hacia arriba. La góndola tampoco necesita presurizarse, pues es suficientemente resistente y la profundidad que alcanza es poca, unos 3,5 metros (aunque puede llegar hasta 8 metros).

En la góndola, que tiene un diámetro de unos 7 metros, pueden viajar 24 pasajeros a la vez, y a través de las grandes ventanas ver alguna medusa, anguila, el plancton marino o –si hay suerte– alguna foca, además de las olas impactando contra las ventanas. Por si acaso el espectáculo no es suficiente (hay días de muy baja visibilidad) se proyectan unos vídeos divulgativos sobre el mar y la fauna de la zona.

Los cientos de miles de personas que disfrutan cada año de la atracción en cualquiera de sus cuatro ubicaciones dicen que la experiencia resulta realmente curiosa, tanto por las sensaciones como por el sonido tras la inmersión. Además de las cuatro ubicaciones en Alemania desarrolladas durante más de una década, la empresa está considerando realizar nuevas instalaciones en Turquía, Malta, Malmöe (Suecia) y Croacia. Eso sí: aunque el diseño de la góndola es el mismo, el resto de la estructura todo debe estudiarse, personalizarse y adecuarse a cada ubicación, lo que hace que además de su aspecto antiguo tenga también algo de artesanal. Una curiosa combinación perfecta entre tecnología, ingeniería y artesanía.

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