Las redes sociales como herramienta para prevenir y actuar ante catástrofes naturales

La misma tecnología de las redes sociales con la que comentamos los devenires diarios de nuestras vidas, desde el fútbol a la política o los chistes con las amistades, puede servir también para salvarnos de una catástrofe. Ante el cambio climático y los eventos extremos que se asocian con él están surgiendo herramientas específicas que aprovechan ese efecto social, como es el caso de Peta Bencana en Indonesia y los trabajos del Urban Risk Lab del Instituto de Tecnología de Massachusetts.

La idea detrás de muchas de estas herramientas es el crowdsourcing o «sabiduría de las masas»: las aportaciones individuales de muchas personas benefician a la sociedad en conjunto. En el caso de la Fundación Yayasan Peta Bencana, su herramienta sirve como plataforma para informar de forma transparente en caso de desastres. Cualquier persona puede utilizar Facebook, Telegram o Twitter para enviar un informe rápido y con fotos de lo que ha sucedido en cualquier lugar del sudeste de Asia. Basta incluir etiquetas como #flood (#inundación) junto a las fotos para recibir ayuda de un bot o sistema automático con un enlace a un Mapa de Desastres donde aparecen marcadas las zonas afectadas y diversos consejos sobre qué hacer. Allí se pueden incluir descripciones más amplias, más fotos, vídeos y otros materiales.

Gracias a herramientas como esta, las inundaciones, terremotos y tsunamis tan típicos de la zona se pueden mapear mucho más rápidamente los daños, algo que no siempre es fácil de llevar a cabo de forma centralizada por las dificultades de la situación.

Con las fotos y vídeos proporcionadas por la población los servicios de emergencia pueden actuar más rápidamente allí donde se necesita. La alternativa sería esperar las tres o cuatro actualizaciones diarias de las autoridades que suele llegar en papel o a través de la radio o la televisión, y que funciona en una sola dirección. Con toda la información recopilada posteriormente pueden organizarse también cursos para los especialistas e impartirse formación entre la población de cara a situaciones similares.



En el Urban Risk Lab, por otro lado, trabajan en herramientas para mapear zonas de riesgo: las más proclives a terremotos, incendios e inundaciones. Utilizan mapas visualmente fáciles de entender acerca de vulnerabilidades y susceptibilidades de cada zona, que combinadas crean un «mapa de factores de riesgos».

Son matices de una misma situación teniendo en cuenta por ejemplo la vegetación de la zona o la población que resultaría afectada en caso de desastre.

Su herramienta RiskMap es otro ejemplo de crowdsourcing que utiliza la misma idea y tecnología de Peta Bencana. Los trabajos de programación y organización de la información en una app pueden trasladarse a la otra, algo típico de estos proyectos. Por poner un ejemplo, alguien tuvo la idea de añadir el mapa de desastres como capa a los mapas de Uber de Jakarta, algo que luego se pudo aprovechar en otras zonas.

En lugares como Estados Unidos, donde los eventos imprevistos debido al cambio climático son cada vez más extremos, el MIT trabaja también en herramientas para revaluar las ayudas económicas que da el gobierno para remodelar viviendas tras los desastres. Saber qué pueden recibir, cuándo y cómo es algo que no resulta trivial para mucha gente, y sin lo que muchas personas no tendrían forma de volver a habilitar sus viviendas en poco tiempo tras un desastre. La tecnología especializada también llega al rescate en este caso.

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