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El metaverso que propone Mark Zuckerberg, ¿es una buena idea?

Una de las noticias tecnológicas de este verano surgió de una intervención de Mark Zuckerberg en un podcast de The Verge. Lo que aquel día contó, y previamente había transmitido a sus trabajadores en un encuentro por videoconferencia, lo analizó Casey Newton, periodista especializado en tecnología. La evolución que Mark Zuckerberg tiene en mente para su red social pasa por el concepto de metaverso, que funcionaría como un paraguas capaz de cobijar todas las parcelas en las que está trabajando su compañía.

El vehículo para moverse por este meta-universo sería un casco de realidad virtual desarrollado por Oculus, empresa de la que Facebook es propietaria. Esto a corto plazo, porque también se va a trabajar en el desarrollo de unas gafas de realidad aumentada mucho más ligeras, que puedan usarse por la calle como si fueran unas gafas normales.

Según el parecer de Casey Newton, la apuesta de Mark Zuckerberg y Facebook es doblemente arriesgada, para empezar llega en un momento en el que el gobierno de Estados Unidos está pergeñando las regulaciones necesarias para que su empresa no acumule tanto poder y se tenga que desprender, por ejemplo, de Instagram y WhatsApp. Lo más interesante de lo que propone el fundador de Facebook es que reconoce que un metaverso, para funcionar, no puede ser controlado por una única empresa, sino que estaríamos hablando de un entorno descentralizado y manejado por muchos actores.

Se podría decir que actualmente utilizamos una versión en dos dimensiones de Internet y las redes sociales y que Mark Zuckerberg considera que, del mismo modo que hemos pasado a navegar desde ordenadores de sobremesa a un internet móvil, el siguiente paso puede ser que gracias a la tecnología de realidad virtual “estemos dentro de Internet”. Pero también incide en que, aunque la tecnología 3D va a ser parte importante de este futuro metaverso, no se trata solo de eso y debería ser accesible desde todo tipo de dispositivos.

Otro aspecto interesante que comentó Mark Zuckerberg en la entrevista es que muchos de nosotros ya estamos prácticamente conectados a internet todo el día. Lo que él busca es que la relación con nuestros amigos, familiares, e incluso con nuestro entorno de trabajo pueda hacerse “de forma más natural”. También asevera que se van a crear nuevos puestos de trabajo relacionados con el metaverso, ya que se necesitarán profesionales que diseñen los nuevos entornos; por ejemplo, una oficina o una sala de reuniones. En realidad, él piensa que se va a generar un nuevo ecosistema económico en torno a esta tecnología.

¿Qué es un metaverso?

En un fantástico artículo publicado en El País, Guillermo Vega nos da una definición muy sucinta del término metaverso. Sería un universo creado en el ciberespacio al que se accede con realidad virtual, por ejemplo, mediante un casco de realidad virtual. Nos recuerda también el origen del término, que fue citado por primera vez por el escritor Neal Stephenson, en su novela Snow Crash, en el año 1992, un clásico de la ciencia ficción.

Por su parte, David Salces, en su artículo para Muy Computer, añade a su definición un “anexo” interesante: en un metaverso, en principio, no estamos sujetos a ningún tipo de ley, ni las de la física ni tampoco leyes penales. Evidentemente si es la intención de los creadores de un metaverso que se desarrollen actividades económicas en este ámbito virtual, habría que regularlo de forma similar a lo que sucede en el mundo físico. Si, por contra, nos movemos por una zona del metaverso destinada a jugar, casi todo podrá ser posible allí; pero incluso los juegos en los que la interacción incluye la eliminación del enemigo tienen normas.

Las referencias a los juegos no son gratuitas. Casi todos los que nos hablan sobre el concepto de metaverso, empezando por Mark Zuckerberg y Casey Newton, citan la película de Steven Spielberg, basada en un libro de Ernest Cline, Ready Player One, como ejemplo de realidad virtual lúdica en la que muchos ciudadanos pasan gran parte del día, invirtiendo dinero real para comprar mejoras en sus avatares. Salvando las enormes distancias, es más que reseñable el éxito que está consiguiendo Fortnite, el videojuego de Epic Games, organizando eventos virtuales como alternativa a los que tienen lugar en el mundo físico. Por ejemplo, los conciertos virtuales de Ariana Grande que se organizaron el pasado mes de agosto.

En cambio, es inevitable recordar uno de los fracasos del pasado; Second Life, una comunidad virtual lanzada en 2003 por la empresa Linden Labs donde se puede interactuar a través de un avatar dentro de un mundo virtual. Este multiverso rudimentario tiene una moneda propia, el Linden dólar que puede usarse para comerciar con propiedades virtuales.

Decimos “puede” porque Second Life sigue existiendo, pero lo cierto es que fracasó en número de usuarios reales lo que hizo que las empresas perdieran el interés por tener presencia en este mundo virtual. Fue más grande la burbuja en medios de comunicación y blogs que su calado real entre los internautas. Un caso de estudio muy interesante sobre cuyos posibles errores han especulado largo y tendido los expertos en marketing y tecnología.

¿Es buena idea el metaverso que plantea Mark Zuckerberg?

Estamos ante la que podría ser la pregunta del millón de dólares. En el artículo de El País, César Córcoles, profesor de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya, valora de forma positiva el hecho de que Mark Zuckerberg haya admitido que el metaverso no va a estar bajo el control de una empresa, apostando teóricamente por un metaverso abierto, lo que va a permitir la interoperabilidad y la portabilidad. Esto quiere decir que un usuario, con sus bienes digitales y su avatar, podrá saltar de un lugar a otro del metaverso, independientemente de que empresa controle “cada zona”.

En Wired es bastante más duro Gian M. Volpicelli, que casi nada más empezar su reflexión, califica el metaverso de Mark Zuckerbeg (él lo llama Zuckerverso) como aburrido y falto de imaginación. Podría parecer lógico que le preocupara que grandes empresas como Microsoft o Facebook tengan en este nuevo ámbito la misma preponderancia que tienen ahora en la internet móvil, pero definitivamente a Gian M. Volpicelli lo que no le gusta nada es la falta de diversión que prevé.

Considera que es normal que esta idea se haya puesto de moda en época de pandemias y confinamientos en casa, pero le aburre sobremanera todo el discurso de Mark Zuckerberg (y lo que se dice desde Microsoft) sobre oficinas y reuniones. Cree que no ahonda en las tremendas posibilidades de ocio ni en la creación de nuevas profesiones y modelos económicos que podría ofrecer un metaverso. Se remite, y os aconsejamos leerlo si os apasiona el tema, a todos los ensayos de Matthew Ball sobre el tema.

Más oscura aún es la visión que en Vice da Brian Merchant, escritor y especialista en inteligencia artificial, que no duda en decir que la idea del metaverso siempre ha sido una distopía; no en vano el término nace en una novela distópica. Hace extensivos los planes de Mark Zuckerberg a muchos otros CEO de Silicon Valley, incluyendo los de Microsoft y Epic Games. Y a otros como David Baszucki, fundador de la plataforma de juegos Roblox. Le escama que la gran mayoría de los medios hayan recibido las noticias como si fuera inevitable, cuando no con palpable entusiasmo. Brian Merchant, al contrario que Gian M. Volpicelli, ve también riesgos en que sea algo demasiado adictivo y que en la literatura haya nacido como un lugar donde evadirse de la realidad, con zonas en las que están permitidos impulsos violentos.

En todo caso surgen muchas preguntas que de momento van a quedar en el aire. La experiencia nos dice que en muchas ocasiones los usuarios hacen un uso diferente de las herramientas al que los creadores tenían en mente. Mark Zuckerberg insiste mucho en que un metaverso nos permitirá relacionarnos de forma más natural que actualmente con las redes sociales y las videoconferencias. ¿Tiene en cuenta que muchos usuarios, salvo en un entorno laboral, y como ocurre con los juegos mencionados, van a hacer un uso del metaverso parapetados en los avatares más variopintos y fantasiosos? ¿O su interés no va más allá de mejorar las reuniones de trabajo?

Otro tema de gran interés va a ser si son sinceras las afirmaciones de Mark Zuckerberg sobre un metaverso abierto o si, por el contrario, se guarda algún as en la manga. ¿Cómo serán las “zonas” que maneje cada empresa? ¿Qué papel jugarán las administraciones públicas? ¿Se conseguirá crear una aplicación, o varias, que permitan acceder a todo el metaverso? ¿Habrá zonas libres bajo el control de los usuarios? ¿Y zonas oscuras y peligrosas como en el Internet actual? La intuición indica que podría ser así, ya que se podría tender a replicar lo que ya existe en el mundo real y actualmente en internet. Las respuestas solo el tiempo las desvelará, si las intenciones de los líderes de Silicon Valley no quedan en agua de borrajas.

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