La idea de establecer “espacios compartidos” entre peatones, ciclistas y vehículos a motor es una tendencia creciente que está siendo objeto de numerosos estudios y análisis, por las ventajas que ofrece para la circulación en entornos urbanos. La idea consiste, esencialmente, en prescindir de las señales de tráfico más allá de la señal que indica que la zona es un espacio compartido.

En países como Reino Unido ya se han desarrollado espacios compartidos en sustitución de los habituales espacios regulados por semáforos, bolardos, rotondas, pasos de peatones, isletas y otras señales de tráfico verticales y horizontales, en el suelo.

El vídeo Road signs suck. What if we got rid of them all? repasa algunos de estos espacios y sus ventajas, y también algunos de sus inconvenientes. Uno de esos lugares es Poynton, a unos 20 minutos de Manchester. Allí donde hace unos años había “un lío de señales, guardarraíles, semáforos, y pasos de peatones”, ahora es una espacio diáfano donde todo aquello ha desaparecido. Un espacio compartido donde coches, motos, bicis, autobuses y viandantes negocian sin darse cuenta cada paso y cada avance de unos y de otros.

Poynton recurre a un truco visual aparentemente simple para limitar la velocidad de los conductores, por ejemplo. La colocación de elementos verticales como farolas o árboles proporciona una “pista visual” que ayuda a los conductores a percibir si están circulando demasiado rápido. Lo contrario sería el quitamiedos de una autopista, un elemento horizontal que ayuda poco a percibir la sensación de velocidad.

Por su parte la ausencia de bordillos y de pasos de cebra permite a los peatones cruzar por donde deseen, otro aspecto que causa en los conductores la necesidad de moderar la velocidad y circular con mayor precaución. La ausencia de semáforos supone un incremento en la velocidad promedio a la que se mueven vehículos y peatones. No por circular a mayor velocidad, sino porque evita las detenciones prolongadas

Y a pesar de lo que en un principio puede parecer, el espacio compartido funciona, o al menos en gran medida y en algunos puntos ha reducido el número de heridos y de víctimas de tráfico. De hecho, no se trata de un modelo nuevo respecto a lo habitual, sino que es el modelo que “regula” de forma natural la circulación de numerosas ciudades de países en desarrollo por todo el mundo. Es, incluso, la manera en la que el tráfico fluía en los últimos años del siglo XIX y primeros años del siglo XX, con la aparición de los primeros coches. Entonces también peatones, tranvías, coches de caballos y coches a motor, y ciclistas, compartían el mismo espacio sin apenas regulaciones. Entonces el semáforo ni siquiera se había inventado.

Sin embargo, los investigadores admiten que todavía queda mucho por investigar y por mejorar para que los espacios compartidos sean válidos para todas las personas, en espacial a aquellas con movilidad reducida o problemas de vista.

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