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Una de las barreras de entrada más importantes para los coches eléctricos 100% es la velocidad de carga de la batería, que influye directamente en la viabilidad de los viajes de larga distancia. Un repostaje de gasolina dura escasos minutos si contabilizamos el tiempo invertido en acceder a la estación de servicio, carga de combustible, pago del mismo, y la reanudación de la marcha. Por el contrario, una recarga eléctrica no baja de una hora, y no existen suficientes puntos de repostaje como para garantizar un viaje sin contratiempos, ni ansiedad.

Sin embargo, si una batería se pudiese recargar al máximo de su capacidad en cinco minutos, estaríamos ante una verdadera revolución. Un vehículo eléctrico tardaría lo mismo en recuperar su energía, virtualmente, que un coche de gasolina o diésel. Esto significaría ampliar de manera dramática el alcance de estos coches, haría posible los viajes de larga distancia en tiempos razonables, y provocaría el boom definitivo de esta tecnología.

Antes dijimos “no baja de una hora”, en referencia al tiempo de carga eléctrica. En realidad, existe tecnología para recargar las baterías más rápido, pero es más costosa, en cierto modo involucra más riesgo por las tensiones e intensidades de corriente, y no sería del todo viable en el sentido de desplegar una red de puntos de recarga mínima viable para un país.

La clave del asunto tiene que estar en la química de las baterías, más que en los sistemas de recarga, y es en ese punto en el que han trabajado los técnicos e ingenieros de StoreDot, una empresa israelí. Según ellos, “la tecnología FlashBattery dentro de sus bolsas [en la batería] utiliza ‘nanomateriales en una estructura de capas’ y ‘compuestos orgánicos propietarios’ para ofrecer una ‘mejora radical’ sobre las baterías convencionales de iones de litio“.

Como se puede ver en el vídeo, la tecnología de las baterías propuestas es bastante diferente. Cada “bolsa” individual contiene los nanomateriales que interactúan con esos compuestos orgánicos propietarios (es decir, su naturaleza exacta no se va a divulgar), y cada bloque contendrá varias bolsas. Todos los bloques o módulos se organizan en el espacio para la batería y se conectan con el gestor de energía. Cuarenta módulos conseguirían almacenar energía para lograr autonomías de aproximadamente 480 a 500 km, y tardaría cinco minutos en alcanzar la carga máxima.

Sin embargo, aunque la premisa no puede ser más sugerente, existen ciertas lagunas en la presentación de este supuesto avance tecnológico. Entre otras cosas, no se ha visto evidencia alguna, y sí se han visto vídeos promocionales, o de marketing. Eso no significa que la tecnología no exista, sino que tan solo se nos ha revelado el dato de la “carga en cinco minutos” sin hablar del ciclo de vida de las baterías (cómo se degradan con el tiempo y las recargas), rangos de temperaturas, durabilidad, densidad de potencia y energía, y por supuesto, el coste (aunque fuese estimado). Y tampoco dan datos acerca de qué coches tendrían esa autonomía con esas cargas, ni la potencia máxima en kW que soportan las baterías.

Habrá que seguir de cerca las evoluciones de esta startup tecnológica, ya que si todo lo que prometen se hace realidad, serán el boom definitivo para la tecnología de los coches eléctricos y su desembarco a gran escala en el mercado. En caso contrario, una vez más estaríamos delante de volutas de humo que se difuminan en la atmósfera.

Vía | Green Car

Volvo XC90

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