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En los Estados Unidos están en alerta por un repunte en la siniestralidad vial desde 2015. Los coches son cada vez más seguros, pero las estadísticas alertan de un aumento de los fallecidos en carretera durante dos años consecutivos, un dato muy preocupante. Las razones no son evidentes atendiendo a las estadísticas registradas: no se viajan distancias demasiado más largas que anteriormente, ni hay mayor índice de colisiones derivadas del alcohol, de las drogas o del exceso de velocidad.

¿Qué sucede entonces? La respuesta puede estar, y es muy probable que sea así, en el aumento de las distracciones derivadas del uso del smartphone durante la conducción. Así de simple. Aumenta la atención sobre las redes sociales y las notificaciones, las llamadas de teléfono o cualquier aplicación que se nos ocurra, y sobre todo lo hace entre los más jóvenes. Las distracciones se multiplican, y el riesgo de colisión aumenta exponencialmente.

Ya en un modesto estudio de 2011, realizado a pequeña escala y en el fondo poco concluyente debido a las peculiaridades del experimento, se intuía que el mero hecho de utilizar activamente un smartphone aumentaba en un 30% el tiempo de reacción del conductor. Estudios posteriores comparaban el hecho de redactar un mensaje de texto mientras se conduce con los efectos de las drogas o el alcohol. De hecho, el tiempo de reacción era mejor bajo los efectos del alcohol, que escribiendo.

De hecho, las distracciones en general causan en nuestro país un 30% de los siniestros cada año, según la DGT. La seguridad de los coches no es, también en general, una garantía de que las distracciones no supongan un riesgo para la seguridad del conductor y los ocupantes, por desgracia.

¿Cuáles son las distracciones más comunes al volante?

Las distracciones más comunes al volante tienen en el uso del smartphone a su máximo exponente. Hace poco se desvelaba que el 43% de los jóvenes responden mensajes de WhatsApp mientras conducen, una práctica nociva que implica desviar la atención por completo de la carretera mientras se envía el mensaje. Otras distracciones son manipular el navegador, sincronizar aparatos, subir o bajar el volumen de la radio, mirar el móvil o buscar objetos en la guantera, entre otros.

Organizaciones sin ánimo de lucro como la estadounidense Stopdistractions.org alertan de diferentes tipos de distracción que no consideramos, a bote pronto, tan nocivas.

Comer, beber o fumar en el coche, maquillarse, ajustar el aparato de radio o multimedia, utilizar el navegador en marcha (pero también, o peor, leer un mapa físico), la conversación con los ocupantes o una discusión, hacerse un selfie o hablar por teléfono (incluso con manos libres) son algunas de las prácticas que nos distraen. Y lo hacen a pesar de que pensemos que, realmente, estamos atentos a la carretera.

Este es el gran peligro actual y el gran reto de la seguridad vial. La percepción que tenemos de nuestras propias capacidades puede llegar a sobreestimarlas, o bien consiguen que subestimemos el riesgo de hacer algunas de esas acciones mencionadas.

Existen, para cerrar el círculo abierto al principio del artículo, tres pistas claras de lo que sucede y no tienen que ver estrictamente con la carretera: cada vez hay más smartphones en circulación; sus usuarios comparten más contenidos en Twitter, Facebook e Instagram por decir las tres redes sociales principales; y sobre todo, la mortalidad aumenta claramente en ciclistas, motociclistas y peatones, el colectivo más desprotegido en caso de colisión. A la vez, los ciclistas y peatones son los menos visibles por naturaleza, y ello se suma a la escasa atención de un conductor que consulta o manipula su smartphone para convertirse en una desgracia.