En el Centro de control de tráfico aéreo de Madrid, junto a las máquinas de última generación, hay unas piezas de plástico con números y un curioso montaje con una webcam que apunta al panel. ¿Para qué sirven? Aunque los controladores podrían usar un ordenador o tableta para anotar los aviones en vuelo, en muchos lugares se emplean de forma habitual las fichas de progreso de vuelo (strips) como complemento más rudimentario, pero eficaz. Y el montaje de baja tecnología con una webcam apuntando al tablero en el que se acumulan esas fichas permite leer la información desde cualquier ordenador –una situación un tanto extraña pero necesaria en caso de emergencia, por ejemplo ante un fallo informático general.

Y es que en la relación entre humanos y máquinas la confianza es cada vez más fundamental, a todos los niveles. Debemos confiar en los ordenadores para guiar nuestros aviones, para que nos apliquen las dosis adecuadas de radiación en un tratamiento médico o para que piloten de forma autónoma un coche. Pero del mismo modo que nadie confiaría ciegamente en dejar vidas humanas o hacer totalmente responsables a unos algoritmos de una tarea absolutamente crítica –en un entorno en el que puede haber “sorpresas” por causas inesperadas– tampoco podemos “estar encima” continuamente, el cien por cien del tiempo, pues la confianza perdida significaría simplemente que esa automatización no es la correcta.

En resumen: confiar demasiado puede ser peligroso o inseguro; confiar demasiado poco puede dar lugar a ineficiencias.

En la transición que se avecina hacia la conducción semiautónoma o autónoma muchos no confiarán en que el coche conduzca “solo”, aunque muchas veces lo haga incluso mejor

Como en el caso del centro de tráfico aéreo, en los centros de coordinación de emergencias es normal que las tecnologías más modernas a nivel de software y comunicaciones no sean de la total confianza de los operadores más expertos, que prefieren mantener líneas de seguridad tradicionales (telefonía fija, radio y otros sistemas antiguos). Lo mismo sucede con los médicos, que desconfían de la información que proporcionan los dispositivos personales de salud (contadores de ejercicio, medidores del ritmo cardíaco o del sueño) y prefieren encargar sus propias pruebas.

En el terreno de los coches autónomos se está produciendo y se producirá la misma “batalla”: del mismo modo que muchos desconfiaban a principios del siglo XX de los coches mecánicos sin caballos, en la transición que se avecina hacia la conducción semiautónoma o autónoma muchos no confiarán en que el coche conduzca “solo”, aunque muchas veces lo haga incluso mejor y más eficientemente y con mayor seguridad que una persona.

Foto | Centro de Control de Tráfico Regional de Godstone (CC)-by Highways England @ Flickr

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